El Patio Encantado (séptima entrega)

VII

“Y entre amapolas sangrientas
y entre pájaros vibrantes,
Puck va con joyas y cuentas
de diamantes."
(Rubén Darío: “Versos de Año Nuevo”)


Los veinte años de Augusta reunieron, como todas las celebraciones de los Amado, a la familia en pleno aunque acrecida, dado que algunos de los hermanos se habían casado y tenían su propia prole. Pero ello no fue óbice para que concurriera cada grupo familiar con sus fuentes de comidas árabes y criollas, en una mezcla que lejos de resultar explosiva, devino en verdaderas exquisiteces. Lo mismo ocurría con los vinos, el té especiado y el mate de la media tarde.

La mesa era presidida por doña Victoria, cabeza indiscutible de semejante familión, no tanto porque llevara la voz cantante, sino debido a que era la responsable de sus numerosos miembros. Nadie conocía a fondo su historia ni su edad, a veces incompatible con la sucesión de generaciones, y ella no contribuía a despejar las dudas de un pasado que por lo visto, tenía decidido enterrar.

En el pueblo se había hablado bastante; se decía que Victoria, siendo todavía muy joven, fue desposada por un hombre oriundo de Arabia con el que tuvo dos varones mellizos y una niña. El destino quiso que a los nueve años uno de los mellizos falleciera accidentalmente a manos de su hermano, en un juego inocente aunque peligroso; se comentaba que alrededor de una fogata que ellos mismos habían avivado en los fondos de la casa en ausencia de sus padres, simulando ser enemigos enzarzados en una pelea, uno de ellos empujó al otro sobre el fuego. Pese a los cuidados recibidos, luego de semanas de agonía, el niño falleció. Victoria, doblegada por el dolor, se refugió en una soledad inquebrantable, de la que únicamente salió después de la muerte de su esposo, siendo los hijos ya adolescentes.

En el paraje de Los Olivos se murmuraba que el árabe había trasmitido ciertos poderes relacionados con el ocultismo al mellizo sobreviviente. Se decía que doña Victoria descubrió el asunto por una casualidad increíble, que tal descubrimiento la horrorizó y que su esposo jamás la perdonó. La muerte de don Yamil Amado elevó esa habladuría al rango de leyenda; ya nadie se preguntaba acerca de su certeza, simplemente, se repetía y pasaba de boca en boca en toda reunión que se promoviera por aquellos parajes sureños. Pero nunca quedó explícito de qué se trató exactamente la esotérica herencia que, de existir, debió ser de suma gravedad; al punto que la misma Victoria, cuando se tocaba el tema lo negaba enérgicamente, no pudiendo evitar sin embargo que su mirada se enlutara y congelara como el acero, tornándose infinitas la violencia y la zozobra que aleteaban en sus pupilas. Pero ello ocurría contadas veces y pasó asimismo a integrar parte de una historia jamás comprobada. E incluso muchos viejos memoriosos sostenían que no se trataba de la misma Victoria, pues esos hechos habían tenido lugar hacía más de un siglo atrás.

Lo cierto es que con el tiempo doña Victoria se unió a un hombre de la zona llamado Antonio con quien al parecer fue muy feliz, rehusándose sin embargo a desposarlo, no habiendo nunca dando razones de tal negativa. De esa unión nacieron cinco hijos, tres varones y dos mujeres.

Fue Antonio quien se ocupó de ampliar esa casa, que luego ofició de abuela fresca y perfumada en las siestas de verano, así como de materno abrigo en los inviernos de interminables cuentos al calor del hogar.

Es así que la familia Amado, tal como era conocida en el lugar, estaba conformada por Victoria –luego viuda de Antonio- y sus siete hijos, sin que ninguno de ellos aclarara hacia afuera de qué unión provenía cada cual, como si guardaran al respecto un tácito e irrevocable pacto.

En la fiesta de los veinte años de Augusta, nieta de Victoria, Ángela estaba radiante. Su locura de antaño había cedido paso a una sensatez escurridiza, pero cada vez más firme en su convivencia con la primera.

Así Ángela, dejando los dulces preparados, se sentó al lado de su hija, dando comienzo a un almuerzo magnifico en el que la alegría del encuentro y el gorjeo de los pájaros auguraban una fiesta memorable. El clima ayudaba, era un espléndido mediodía y la mesa tendida en el patio relucía con sus blancos manteles como jazmines al sol.

Para cuando se sirvieron los postres, una sorpresa esperaba a la homenajeada. Alguien había contratado un mago a fin de cerrar la celebración con un broche de oro. Pero era un secreto bien guardado, por eso casi todos se sorprendieron al ver llegar a un desconocido munido de un grueso maletín e impecable camisa y pantalones negros.

El mago se presentó con total educación, dijo muy suelto de cuerpo que su nombre era Harún- Al - Raschid y que por ende provenía de la más clásica filigrana oriental, de la mismísima Bagdad, con lo que logró hacer reír a todos los presentes y quebrar el espeso ambiente de sorpresa con que fue recibido.

Las damas principalmente, enseguida cayeron bajo el hechizo del mago, no tanto por las gracias de sus trucos, sino por su estampa y porte de gran atractivo, con más una labia y miradas intencionadas que buscaban seducir con absoluto descaro. Por otra parte, si uno se detenía a observarlo, de verdad sus rasgos eran compatibles con los arábigos, más allá de la broma gastada con su pretendido nombre legendario. A los varones les resultaba divertido; sus trucos eran realmente geniales; el hombre supo llevar el ritmo del espectáculo con destreza, introduciendo entre actos alguna historia hilarante, haciendo participar al público y proponiendo adivinanzas originales con mucha soltura y don de gentes.

En un momento dado solicitó la presencia de Augusta, en su condición de homenajeada. Con impecable elegancia le tendió la mano curvando sus labios en una sonrisa sensual y atrevida. Augusta sintió un leve estremecimiento al contacto con su piel y buscó con la mirada a su madre. Pero Ángela estaba en la cocina, reponiendo las fuentes de frutillas y chocolates mentolados, teniendo en cuenta que en el lugar había un mago, según le habían informado.

El mago retuvo la mano de Augusta aún cuando ésta ya se había ubicado en el escenario. Mirándola directo a los ojos, recorrió en una caricia morosa su pelo rubio hasta la nívea curva de la oreja, punto en el cual retiró los dedos con un chasquido. De inmediato, la palma de su mano morena soltó una paloma blanquísima con una rosa azul en el pico que fue ofrendada a los pies de la joven. Ésta, turbada y conmovida, sólo atinó a sonreír y a mirar extasiada al extravagante artista, mientras el público estallaba en aplausos interminables.

"Harún-Al-Raschid” hizo un gesto pidiendo silencio y tomó la palabra.

—Augusta, hoy cumples veinte años. Dejas definitivamente la adolescencia para ser una mujer. Te mereces por tanto un presente especial de mi parte. Verás: domino siete clases de magia transmitida por mis ancestros orientales. Hoy haré una excepción en mi conducta y te regalaré el dominio de poder sobre una esas magias. Sólo una. ¿Has comprendido? Dominarás la magia, una clase de magia. Y este presente no admite devolución ni se agotará nunca sino junto con tu vida.

Y murmurando vocablos en un idioma desconocido, besó las manos de Augusta y sus dedos, uno por uno, para luego soplar sobre ellos, en un rito misterioso que produjo silencios y asombros. Incluso diríase que la naturaleza se detuvo con pasmo. Las aves callaron sus gorjeos, el cielo se oscureció por un instante imperceptible y la suave brisa dio paso a una corriente gélida, tan súbita y veloz como un rayo en la tarde clara.


—Es mi deber advertirte —prosiguió— que mientras habites esta casa, bajo ningún concepto debes permanecer en el patio cuando se desaten tormentas. Tienes que prometerlo, porque en caso contrario, la magia se volverá en tu contra.

Augusta, sorprendida, asintió con una inclinación de cabeza.

Al levantar la vista, el mago tropezó con la mirada espantada de Ángela, que sin proponérselo, dejó caer al piso la vasija de cristal repleta de dulces que sostenía. “¡No puede ser! No puede ser él. No, no. Es mi cabeza. No puede ser. No podría lucir exactamente igual a veinte años atrás”, razonó Ángela, aterrada. Todo empezó a girar a su alrededor, sintió que el piso se movía errático bajo sus pies y la respiración la abandonó. Se desplomó sobre el mantel blanquísimo arrasando con la cristalería y los cubiertos de plata. Todos se precipitaron sobre ella desesperados. Pero el mago, haciendo gala de una gran serenidad, exigió espacio y una copa de vino.

 Extrañamente, fue obedecido al instante. Alguien le alcanzó la copa retirándose enseguida hacia atrás.

Con inusitada dulzura, Lisio tomó la cabeza de Ángela para derramar sobre su boca unas gotas de vino. Luego, cubriéndola con su cuerpo de tal forma que no pudiera ser visto, besó sus labios levemente. Ángela recuperó el sentido despacio y le sonrió, mientras él la ayudaba a incorporarse. Otro beso ligero y una mirada cómplice sellaron un encuentro a escondidas. La concurrencia, que se había perdido la mitad de lo acontecido, acabó por creer que estaba realmente ante un auténtico mago. “Harum-Al- Raschid” fue venerado como si se tratara del mismísimo Houdini. Todos le pedían datos, citas, tarjetas para ubicarlo, pero él adujo que estaba de paso, ya que en breve partiría hacia Oriente.

Todos, menos Victoria, cuya mirada se había transmutado en dos bolas de acero, mientras una tercera, en forma de puño, le aprisionaba el corazón.

(Continuará )

12 comentarios:

Marcela dijo...

Hola Turkesa, me encantó esta entrega, ir del presente al pasado y ahondar en los personajes. Me sigue atrapando.
Un beso enorme, y buen descanso en Colón (muy inspirador)

B. Miosi dijo...

¡Vaya, Turkesa!. me has dejado boquiabierta… ¿Quién podría ser ese hombre misterioso que besó en los labios a Ángela? ¿Sería el mellizo sobreviviente? Pero la lógica indica que sería su hermano, ¿no? No recuerdo ahora quién era Lisio, pues aquí no tengo línea a Internet, pero este capítulo ha resultado un poco más terrenal, que los anteriores, y sin embargo lleno de interrogantes.

De manera que a partir de allí Augusta sabía que nunca debería estar sola en el patio cuando hubiera tormenta. Creo que voy a tener que empezar el cuento desde el principio para encontrar la clave.

¡Ah…! Turkesa, la estás poniendo difícil…

Besos!

DNAZ FRANCO dijo...

Me pregunto si la aparición de هارون الرشيد es para indicarle a los presentes lectores que se preparen para las mil y una entregas de este cuento…

Pero mientras sean todas como las anteriores, por mí, no hay problema alguno.

Destaco una sentencia, que me forzó a separarme de la lectura para darme topes en la pared, lamentando no haber escrito algo similar en toda mi puta vida:

"Su locura de antaño había cedido paso a una sensatez escurridiza, pero cada vez más firme en su convivencia con la primera."

Vaya. "Sensatez escurridiza". Tremendo.

Pero, bueno, ¿dónde está el resto del cuento?

Otra cosa aparte: ¿Has leído la secuencia de la familia Mayfair, en las novelas de Anne Rice?

O mejor debería preguntar primero: ¿te agrada Anne Rice?

Porque ar-Rashid bien podría ser un Taltos. Y, bueno, aquí vienen esos elogios empalagantes que tanto incomodan a tan pocos:

Resulta que la Sra. Rice —me parece a mí— tiene gran estatura lírica en sus descripciones. Escribe prosa poética en sus novelas, casi. Y aún así no creo que tengan la profundidad que encuentro en la mayoría de tus textos. Conste que vende millones de ejemplares a nivel mundial…

Bueno, ya. Tómatelo en serio, lo de los elogios, y desembucha el resto de este cuento.

He dicho.

Margarita dijo...

Me encantó esta entrega, Mónica. Está aliñada con todos los ingredientes que me fascinan: misterio, épocas pasadas, personajes envueltos en el enigma, secretos (espero que sean muy inconfesables, jeje) de familia, todo un clan y eso es siempre muy atractivo, es que está quedándote completita. Incluso la cita de los versos de Rubén Darío me gustan.

Veo en esta entrega, también en el resto de este cuento (novela), un crecimiento como escritora, por la forma en qué está trenzado el argumento, más sólido, dosificando la intriga, siempre dejando al lector con ganas de saber más, con más deseos de averiguar que en la anterior; no decrece en ningún instante, es más, a mí se me hacen cortas las entregas. Es que me gana la curiosidad, jaja. Y también en la prosa he notado una mejoría, y eso que ya era buena antes. Hay un buen número de frases que sin decir dices, das a entender más que explicar, y como siempre tiene sus píldoras de poesía, es mágica.

Pensar en lo que puede esconder esas cuatro paredes, con un montón de personajes (todos familiares) que viven entre ellas me dispara la imaginación, jeje, pero me callaré, o no, porque soy bocazas de natural :). Esa mesa presidida por doña Victoria, la matriarca… Estar cenando de invitado en esa casa debe ser de terror, me imagino un ambiente denso, con cierta distancia entre estos familiares, algo de frialdad, no sé, es lo que percibí. Es toda una escena, fíjate, es misterio hasta su edad que nadie sabe, ¿pero si son familia? uff. Creo que dice mucho sin decirlo expresamente. La historia de los hijos mellizos de ella, ¡por Dios! Hay que tener una mente perversa, amiga, jajaja. Me encantó… hasta envidia sanota, jeje, me está despertando este cuento.

“su mirada se enlutara y congelara como el acero, tornándose infinitas la violencia y la zozobra que aleteaban en sus pupilas”.

Es toda una descripción de lo que sentía, te aplaudo, Mónica, ¡está genial! El padre delegando conocimientos esotericos al mellizo sobreviviente… A ver por dónde sale eso, ¿quién será ese mellizo? Y ¿Cómo los utilizará esos poderes? Y luego los hijos con Antonio, en total una buena prole, toda una saga que puede dar muchas historias, imagina…

Otro bellezón de frase.

“ampliar esa casa, que luego ofició de abuela fresca y perfumada en las siestas de verano”

También lo de la “sensatez escurridiza” está genial, pero ya te lo dijo D y coincido con su criterio. Esta vez me tardé en comentar :(

El mago, guauuu. Ese mago tan seductor, y toda su intervención es como venida de otro mundo. Con el regalo de un don, que no sé yo si será un caramelo envenenado, porque por principios, jeje, no me fío de esta clase de magos taann “generosos”, siempre me hacen pensar que tan buen regalo lleva algo oculto detrás; luego salen caros y tienen un pero… como lo de no estar presentes en el patio bajo tormentas. Es un punto genial, te digo, otro más. Porque la aparición del mago trae cola, ¡resultando ser Lisio! Además sin envejecer en veinte años ¿? Más misterios, ¿cómo es posible que no envejezca? ¿Tiene poderes realmente? ¿Será de este mundo? Todo lo que lo envuelve es puro misterio, aún así Ángela está coladita por él, claro, uno no se para a pensar mucho cuando está embelesada así. Me encantó, qué te voy a decir si Lisio se está postulando como mi personaje preferido en toda esta historia. Y esa escena con Ángela y el beso, ayyyy, si todavía habrá amorío del bueno por medio, ¿boda? Jaja. ¿Él renuncia y se vuelve humano para poder vivir con ella? No, no digas nada, sino no tiene gracia. Me callo.

Me está dando tremenda envidia de esta historia. ¿Te quedaste todas las musas para ti? Abusadora…

Ay, lo único que espero es que no nos hagas esperar mucho tiempo para saber cómo sigue. Claro que la puntualidad no es lo tuyo, che, pero si es tan bueno como este, merece la pena la espera. Te felicito, amiga. Tienes una historia más que interesante en tus manos, y cabezota, jaja.

Un abrazo enorme,

Marisol

Turkesa dijo...

DNAZ FRANCO dijo...
"Me pregunto si la aparición de هارون الرشيد es para indicarle a los presentes lectores que se preparen para las mil y una entregas de este cuento…"
¡JA! ¡Qué chistoso! Tranquilízate. No creo llegar a las mil y una entregas; serán veintitrés, como dije por ahí, o veinticuatro a lo sumo, ambos números de mi preferencia.
Aunque nunca se sabe...

"Vaya, "Sensatez escurridiza". Tremendo."
¡Epa! Sí que me dejaste pensativa. No reparé en la expresión... digo, en toda su ¿fuerza? hasta que la destacaste. Y sí que suena aplastante. Eso de andar a la pesca de la sensatez con carnada de plástico cansa. Y la mía se escurre a cada rato.
¡Me da gusto que hayas destacado esta línea! Aunque ahora no sé si reafirmar la sensatez del personaje o dejarla escurrir por la reja ambigua y siempre a mano de los sentidos.

"Pero, bueno, ¿dónde está el resto del cuento?"
Ahora sigue,che.
Lo voy alumbrando al tiempo que lo escribo y si algún personaje se me subleva luego debo atenerme a las consecuencias; te imaginás, lo único que me falta es que los personajes se me rebelen. Una vez subida la entrega no puedo sino seguir la onda que allí se impuso.

¿Te gusta? ¿De veras te gusta? Pues me da gusto que te guste. Me impulsa a no aflojar. La historia y sus actores están en mi cabezota pero en el camino incierto del teclado los tipos se me sublevan. Es algo complicado, verás: debo hacer, deshacer y rehacer alianzas a cada instante con los personajes y convencerlos de que esto es un humilde cuento y no las Mil y Una Noches. Empero, los sujetos se muestran bastante sedientos de gloria; nada nuevo bajo el sol. Ja,ja.

"Otra cosa aparte: ¿Has leído la secuencia de la familia Mayfair, en las novelas de Anne Rice?
O mejor debería preguntar primero: ¿te agrada Anne Rice?
Porque ar-Rashid bien podría ser un Taltos. Y, bueno, aquí vienen esos elogios empalagantes que tanto incomodan a tan pocos:
Resulta que la Sra. Rice —me parece a mí— tiene gran estatura lírica en sus descripciones. Escribe prosa poética en sus novelas, casi. Y aún así no creo que tengan la profundidad que encuentro en la mayoría de tus textos. Conste que vende millones de ejemplares a nivel mundial…"
No. No leí a a Anne Rice. No puedo pues expedirme acerca de si me gusta. Pero si sé de sus éxitos literarios. Y si a vos te parece que su prosa poética no tiene la profundidad de mis textos; vaya, por lo que te desconozco, no dirías algo así a menos que de veras te lo pareciera. (¡GRACIAS!)
Ergo... ¡Uy, caramba! Que me lo tomo en serio, dalo por hecho. Y que desembucho el resto del cuento... también. Aunque los plazos se me escabullen por los agujeros del rallador de tiempo que uso cuando las letras remolonean en el teclado y me toca armar el concierto silencioso de la escritura. Una sensación plena.
Gracias, Daniel, por tal alentadoras palabras.

Un abrazo.

Turkesa dijo...

Hola, Marcela: gracias por seguir la historia, prometo voluntad de poner lo mejor que pueda.
Ahhh... ¿Colón... Inspirador? (je) Me pasó de todo. Lo voy a subir al Brote, si es que los traspiés me lo permiten. Pero sí, bueno, la verdad que esta entrega la escribí en Colón. Que tienen el río desbordado, el clima tormentoso, fundí el auto, y ... el cielo tiene bostezos de estrellas: con eso se paga todo lo demás.
Besos.

Turkesa dijo...

Hola, Blanca: hubiera jurado que había respondido a Marcela y a vos, pero no. Mil disculpas.

"¡Vaya, Turkesa!. me has dejado boquiabierta… ¿Quién podría ser ese hombre misterioso que besó en los labios a Ángela? ¿Sería el mellizo sobreviviente? Pero la lógica indica que sería su hermano, ¿no?"

Esteee... mirá vos, Blanca, por acá decimos que "menos pregunta Dios y perdona". Jaja. En la idea de lo antedicho, me abstengo de responder a tu interrogante.

La clave está en las cosas más que en las personas.

"De manera que a partir de allí Augusta sabía que nunca debería estar sola en el patio cuando hubiera tormenta. ¡Ah…! Turkesa, la estás poniendo difícil… "
No creo. Lo disfrazo de difícil. Espero no tragarme mi propio disfraz, Blanca. Porque no tengo un manejo suelto de la narrativa; lo considero un bautismo de fuego, veremos que acontece.
Te agradezco mucho la lectura y las ideas que vuelcas, me impulsan a seguir.

Espero nada más, no defraudar.

Un abrazo grande.

Turkesa dijo...

Hola, Marisol: así que te encantó esta entrega. No me extraña, conociendo tu aficción al suspenso y los misterios, cuanto más esotéricos, ¡mejor! Jaja.
"... los ingredientes que me fascinan: misterio, épocas pasadas, personajes envueltos en el enigma, secretos (espero que sean muy inconfesables, jeje) de familia"

Jaja, esperas que sean inconfesables, caray. Trataré de complacerte, amiga.

"es que está quedándote completita. Incluso la cita de los versos de Rubén Darío me gustan."

¡Gracias! Tuve mis buenas dudas con la cita de Rubén Darío, pero tu opinión ha venido a tranquilizarme al respecto.

"Veo en esta entrega, también en el resto de este cuento (novela), un crecimiento como escritora, por la forma en qué está trenzado el argumento, más sólido, dosificando la intriga, siempre dejando al lector con ganas de saber más, con más deseos de averiguar que en la anterior; no decrece en ningún instante, es más, a mí se me hacen cortas las entregas. Es que me gana la curiosidad, jaja. Y también en la prosa he notado una mejoría, y eso que ya era buena antes. Hay un buen número de frases que sin decir dices, das a entender más que explicar, y como siempre tiene sus píldoras de poesía, es mágica."

¡Graaaciaaasss! por estas líneas. No me importa si me miras con buenos ojos, me ha fascinado lo que escribiste, lo compro como sea. Gracias por entender que he crecido como escritora, ojalá sea así. Me congratula especialmente que te mantenga entera la intriga, yo a veces creo que... sencillamente lo hago mal. Pero luego, al leerte, me subo a la luna, puedes darlo por hecho.

Gracias Marisol por el resto de tus palabras. Tu opinión me pesa como un planeta poblado y con la certeza de que todo esto existe.

Ya lo acabo.

Te mando un beso.

Nicolas dijo...

La verdad es que en esta líneas vi una mezcla rara de travesía de lo imaginario y con una analogía constante en los demonios que encausan la rutina en esta vida. Una fluidez extraorbitante en la descripción de los sentimientos mezclados con el candor majestuoso e inspirador que puede ser el vuelo de un niño. Pasajes con hadas, demonios y angeles, con papeles y burocracia.
Creo que me he convertido en un seguidor fiel de tu letra.! Un Viva! POR TANTO ARTE LITERARIO!

Turkesa dijo...

Bueno, Nico... no sé qué responder a tan ¿extraorbitante? comentario (esa palabra te la robo, robada está).

Me da gusto verte por mi Patio, esta vez Encantado, y que te resulte grata la estadía.

Me sorprendieron los términos de tu post; algunos dignos de destacar, como eso del "candor majestuoso e inspirador que puede ser el vuelo de un niño." O lo de los demonios en la rutina de la vida, influenciando su cauce...¡tremendo!

Esto de "Pasajes con hadas, demonios y angeles, con papeles y burocracia." ¡Ufff! Es mucho para cualquiera, está genial, jaja, me imagino la burocracia y hadas y ángeles y demonios dando vuelta los papeles, no sé de dónde te salen esas ideas.

Gracias, Nico. Un abrazo grande y un besote.

pedro dijo...

Hace tiempo que no pasaba por tu casa, estimada Turkesa, y veo con alegría que sigue llena de inspiración creativa. Por favor, discúlpame por no acercarme antes, sé que sabrás hacerlo.

Un abrazo.
pedro.

Turkesa dijo...

La verdad, Pedro, que tu presencia me llena de alegría... ¡Qué bueno, qué fortuna verte honrando mis letras!

Tu inspiración y la mía se parecen. Y por si fuera poco, nos une ese incondicional señor de las auroras y los crepúsculos bañados de agua marina... El Mar.
Siempre, es mejor frente al mar.
Te recuerdo, Pedro. Por tanto, celebro tu paso por este puerto que por cierto, se engalana con tu huella.

Un abrazo grande.