¿Qué es una Revelación?

¿Qué es una Revelación?
Es como cuando estás en una habitación pequeña y de repente se caen las paredes y ves todo el exterior. Es lo que puede sentir un ave cuando rompe a volar. Ya no te importa la pared o la cáscara. Son historia. Es una sensación muy gloriosa.

magia lunar

magia lunar
Colón: Luna llena sobre el río Uruguay (27/02/2010)

El Patio Encantado (cuarta entrega)





Otras veces el hamsin
deja ver antiguas construcciones 
que permanecían sumergidas en sus entrañas.
(Mercedes Vigil: “Cuando sopla el hamsin”)




(Sesenta años atrás... )


La casa ostentaba plenitud de obras.

La familia Amado se esmeraba en ampliar su espacio con entusiasmo y sin pausa. La madre, los hijos y los hijos del otro se mostraban ¡por fin! hermanados en el cariño filial, ausentes de discusiones de medio y no medio, de familias y medias familias, de “la madre de mi hermano que es la esposa de mi padre”, y todas esas cuestiones. Parecía que el amor –o la armonía- se había impuesto por sobre las diferencias y resentimientos inútiles, como suelen ser los enconos entre hermanos medios y totales: todos son carne inocente de posibles inocentes. No obstante, a veces se lastimaban sin piedad y sin sustento, a excepción de motivaciones respecto de las cuales ninguno pudo hacer prevalecer su voluntad.

Como sea, la casa se terminó y fue inaugurada con gran pompa y cantidad de bendiciones. Todos estaban exultantes; parecía que la belleza asceta de sus líneas se imponía por sobre las malas intenciones.


Que no las había.

Salvo, tal vez, la intencionalidad de Lisio. Ese medio hermano de todos, pero que a ciencia cierta, nadie sabía bien de dónde –o de qué útero- provenía. Simplemente, siempre había estado allí.

Sólo Ángela se preguntaba quién era Lisio en realidad; de dónde venía, qué vientre lo había alojado; cuál era su juego en ese grupo familiar difícil pero que siempre superaba los desencuentros en virtud del amor que lo regía, impidiendo enconos duraderos.

Al menos, así lo entendía ella. Y obraba en consecuencia. En tal entrega la encontró esa noche, espesando el dulce de frutillas que acompañaría con mentas y chocolates helados.

Lisio la observaba fijamente, con una mirada sensual y atrevida, despreocupado y sonriente.

La sonrisa de Lisio. ¡Ay, esa sonrisa! Ángela la odiaba, tal como odiaba el rostro de Lisio. Adivinaba la bajeza y el engaño que inspiraban la curvatura endiablada de esos labios y, al mismo tiempo, los deseaba de un modo casi imposible de neutralizar.

Hasta esa noche de Brujas.

Ese treinta y uno de octubre recién amanecido bajo la captura tierna del primer rocío, en el que Ángela, como un hada cálida, reinaba entre frutas y mermeladas, perfumada de caramelo y de noche en fuga. Lisio se presentó en la cocina, se apoderó de su talle y puso en su boca menta y chocolate en un beso profundo, dulce y marino, voraz en el retorno, como las olas se retiran para retomar la playa con mayor brío; tan lenta, intensa y salvajemente que la resistencia de ella apenas fue una mueca que se perdió en el oleaje de la acometida.

Aunque los registros sabios del alma guardaron ese momento en un arcano cuya llave fue lanzada al éter. Allá... En el límite sagrado donde el tiempo y el espacio no cuentan.

Sobrevino luego el invierno con sus cojines de nieve. El sol se ocultó durante seis largos meses; las estrellas lloraban escarchas mentoladas y las frutillas agotaron el regazo de Ángela.

Ángela, encinta, sonreía y sollozaba sueños cancelados, hasta que la razón la extravió en un abismo llamado Lisio, de cuya existencia todos, con el tiempo, llegaron a dudar, de una u otra manera.

Estaba sola.

O no. Ella y el Abismo eran compañeros.

En tanto, voluptuoso y radical, el vientre se imponía por sobre los estados de tristeza del alma.

Un primero de agosto helado dio a luz una niña de extraña belleza y singular energía. La llamó Augusta y le ofreció el pecho unos meses, para luego abandonarse a la intemporalidad que ofrece, generosa, la locura.


(Continuará...)

15 comentarios:

Margarita dijo...

Bueno, Mónica, esta cuarta entrega está genial. Esto de retroceder en tantos años en la historia de la casa hasta ir a sus orígenes me ha fascinado. Ya sabes lo que me gusta lo antiguo y me encontré absorta leyéndola. Esa familia, grande, con tantos miembros en el que se puede llegar a perder la procedencia de uno de ellos, Lisio, al que lo envuelve el más absoluto de los misterios. ¡Vaya qué me gusta! Esa familia en la que el aire se puede cortar, a veces, pero que lo superan porque se quieren, que se entregan a la tarea de hacer su templo, su hogar como si fueran una tribu, ¡qué ideota fantastica! Y todos compartiendo la casa, como a la antigua.

Ay, ese Lisio es inquietante, está ahí como medio infiltrado, nadie sabe bien quién es ni parecen preguntárselo. Algo muy extraño. Salvo Ángela, que sí parece tener una desconfianza hacía ese pariente. Desconfianza, y también una irremediable atracción por él. Lo odia y lo desea, mirando esa curvatura de sus labios.

Ella que vive en la cocina, rodea de dulce de frutillas, menta, chocolates, mermeladas… Es una buena alegoría de lo terrenal, de los apetitos. Me recordó a la magnífica película “Como agua para chocolate”. Me los imaginé, a Ángela y su odiado y deseado Lisio, con esa carga de erotismo y sensualidad, narrado con ese toque de elegancia. Pero también con pasión “un beso profundo, dulce y marino, voraz en el retorno, como las olas se retiran para retomar la playa con mayor brío; tan lenta, intensa y salvajemente que la resistencia de ella apenas fue una mueca que se perdió en el oleaje de la acometida”. ¡Te felicito!, esto es una hermosura.


Como esto otro, ¡qué manera de decir! “Aunque los registros sabios del alma guardaron ese momento en un arcano secreto cuya llave fue lanzada al éter”. Ángela sospecha que ha de mantener esa relación escondida. Ah, y eso me da qué pensar, ¿por qué? Porqué instintivamente sabe que no ha de contarlo, ha de mantener ese secreto…Vaya, otro misterio que no sabré hasta próximas entregas, me gana la impaciencia, jajaja.

¡Esta pareja me fascina!, la encuentro extraña, todo en ella es misterio, desde si existe algún parentesco consanguíneo entre ellos, ni siquiera parezca que les une el amor, no uno sano, al menos. Ella lo odia y diría que lo teme, porque sabe despertar instintos en ella que no puede controlar y él, jeje, parece un crápula a simple vista, pero dejas sutiles pistas de que es mucho más que eso. A mí por lo menos me da cierto repelús el tipo. ¡Todos dudan de si existió! Ay, no, definitivamente este no es trigo limpio, ni sé si es humano, jeje. Ya veremos en qué se nos revela el tal Lisio este…

Ah, pero, vaya, Ángela se quedó embarazada, no será del eter, digo yo :). Y da a luz una niñita, Augusta, a la que amamanta antes de entregarse a la locura. Qué destino cruel. ¿Qué será lo que la ha llevado hasta ese estado? ¿Sabrá ella quién es Lisio?

Bueno, en esta entrega te has superado, que ya es decir. La verdad es que esto está de lo más intrigante y bueno. Me encanta estos nuevos personajes de la historia, el ambiente denso de la familia, los hechos misteriosos que los envuelve. Me pregunto si esos avatares se habrán quedado impregnados al construir la casa bajo su influjo y de ahí el misterio del patio, o si ellos fueron los primeros que no comprendieron el misterio del patio, como dice doña Victoria. De momento vas superando las entregas anteriores, ganando en profundidad y misterio. Y me quedo bien intrigada y con mono de más. Me encanta el giro de esta cuarta entrega, amigota.

Un besote,

Marisol

B. Miosi dijo...

Mónica, ya veo que eres terrible. De manera maquiavélica saltas hacia atrás sesenta años para situarnos en un contexto que hasta por la forma de contarlo es completamente diferente al comienzo. Margarita ha hecho un análisis muy completo de la obra. Ella sospecha de Lisio, de Ángela, de la casa, y no es para menos, pues dejas deslizar unas palabras que hacen pensar que el tal Lisio es imaginación de Ángela, y que ella está camino a la locura antes de haber quedado embarazada.

Ahora, me pregunto: si Ángela quedó embarazada solo en su imaginación, el Lisio no existe. Si Lisio no existe, es un alma en pena o sea el éter del que ella cree haberse embarazado. Pero algo me dice que Lisio existió y que Ángela sí se embarazó, aunque Lisio no pertenecía a esa casa. Fue un viajante que un buen día la poseyó, y se desapareció.

Amiga, por favor, un poco de piedad, me acabo de estrujar las pocas neuronas que me quedan, ya no estoy para estos trotes, ¡madre mía! Y conociéndote ¡lo que vendrá!

Besotes a ti y a Margarita!

Blanca

Turkesa dijo...

Marisol: ¡chocha es poco! Re contenta me pone tu comentario, amiga, dejando de lado que me miras con buenos ojos, me doy cuenta que este argumento te ha entusiasmado y atrapado; has formulado varias teorías sobre el discurrir de la trama y has especulado sobre las personalidades de estos protagonistas, igual que un sabueso detrás de una presa codiciada,jaja, me parece que te mueres por seguirlo vos, che. Pero NIET.

Eso sí: entre Blanca y tú, siento el peso de dos escritoras de terror, literariamente hablando, y pasar vuestro examen es un aliciente total para mí, que me siento una debutante en este tipo de argumento que ustedes manejan así nada más.

Gracias, muchas gracias, Marisol, y por favor, no sigas especulando sobre esta gente que acabarás dando en el clavo. Y deberé cambiar mis planes para ellos, jeje.

Besotes.

Turkesa dijo...

Hola, Blanca: gracias por lo de terrible y maquiavélica, jaja, ¡mira quien habla! Ni que escribieras cuentos de hadas, ¡caramba! Como si fuera poco, te sumas a la cruzada de escritoras de cuentos de terror como Margarita, especulando conque Lisio ¡no existe!O es un viajero de paso... Mira, te digo, entre ambas, no sigan tirando ideas que tendré que cambiar mi mapa mental acerca de cómo sigue esta historia, che, jaja. Me ha encantado tu comentario, pues, tal como le digo a Marga, viene de una grande de cuentos justamente de suspenso.
"Amiga, por favor, un poco de piedad, me acabo de estrujar las pocas neuronas que me quedan, ya no estoy para estos trotes, ¡madre mía! Y conociéndote ¡lo que vendrá!"
Jeje, si serás graciosa, yo tampoco estoy para estos trotes. Y si escribes todo lo que te he leído con unas pocas neuronas, ¡vaya, préstame una, che! No te creas, tengo ganas de acabarlo cuanto antes, pero con lectores como ustedes, intentando acertar el derrotero de esta gente, el patio y la casa, yo no sé si reescribir Bambi y ¡chau! Muchas gracias por tan simpático y tal vez, inmerecido comentario, amiga. Trataré de estar a la altura de la intriga desatada. Me da gusto verte por mi sitio. Un besazo.

MARCELA dijo...

Turkesa, seguís manteniéndome en vilo me encanta, es un buen misterio el de los personajes Ángela y Lisio, tal vez muy psicológicos? bien estilo MODERNISTA (Henry James)como ya te lo dije anteriormente, tal vez en otra vida anduviste paseando por el final del siglo XIX, Ja, Ja, Ja!!!.
Espero ansiosa próximas entregas.
Un besote Marcela.

Turkesa dijo...

Hola, Marcela: me encanta verte por este lugar mío; me da gusto que la historia te atrape así como tu forma de comentar, fresca, oportuna y lúcida... ¡Ay! ¿Cómo es eso de que ya me has dicho que anduve paseándome por los finales del siglo XIX? No me acuerdo, pero viniendo de vos, me preocupa bastante... De seguir así te nombraré mi pitonisa personal. Jaja. Bah... Hum... ¡Vaya!

Besos.

Ángel Vela (palabras) dijo...

Curiosa manera de contar las historia, con esos saltos temporales, y cambios de registro. Algo que más de uno podría desconcertar, pero que yo agradezco. La cosa va muy bien

Turkesa dijo...

Hola, Ángel ("Palabras"):
Gracias, muchísimas gracias por leerme y considerar que "la cosa va muy bien". Me anima a seguir.
Con suerte, este finde subo otros capítulos, o por lo menos, uno.
Te mando un besote.

DNAZ FRANCO dijo...

Ah, bueno, aquí me encuentro varias cosas que me he de llevar bajo la camisa, para luego sacarlas por alguno de mis textos y pretender que soy genio literario…

Mira, que un beso marino, fabuloso. Y que el Abismo compañero, ¿no te dije? El Abismo es una cosa, no una nada… De hecho, acabas de poner punto final al debate contra Parmenides, que quizá ya lo había conquistado Einstein, pero tú lo dijiste más bonito… Resulta que hace unos 2 500 años el mentado griego dijo que "[…]dicen ustedes que hay un abismo; por lo tanto el abismo no es la nada; por lo tanto, no es, el abismo".

(pinches griegos, estaban bien orates)

Y al final, la otra cosa que me robo para lucirla después es un grave y total desliz hacia lo generosamente insano.

Turkesa dijo...

Hola, Dan:
Bueno, este comentario es uno de esos que dejan bien picado al autor, como los actores que se "roban" la película, ¿viste?
En cuanto al abismo, vaya, voy a instruirme un poco, che, pero no creo que estos griegos... mi padre decía que ellos eran tan eruditos porque se la pasaban tirados develando la quintaesencia de la uva y sus derivados, mientras los ilotas hacían todo el trabajo, no obstante, agregaba que bien pudieron arribar al abismo, jeje, o a cualquier desatino, pero no. Los tipos realmente, se lo tomaban en serio.

Ahhhh... lo que más me gustó es este final: la otra cosa que me robo para lucirla después es un grave y total desliz hacia lo generosamente insano."

Besos.

pedro dijo...

Lamento no coincidir con la opinión generalizada, pero el párrafo con el que comienza esta entrega se me hizo imposible. Aquí cambias las ranuras de la poesía por una prosa que sinceramente no esperaba.

Tal vez la culpa sea de mi tosco entender. ¡Qué digo tal vez! ¡Seguro!

pedro.

Turkesa dijo...

¡Ay, Pedro! No te gustó esta prosa... No te imaginas cuánto te agradezco la sinceridad. Ahora, no me dejes sin saber en qué me quedé fuera de juego. ¡Y déjate de j... con eso de tu "tosco entender"!

Necesito, te agradecería, que me señales los defectos y porqué el párrafo del comienzo se te hizo imposible. En serio. Sé, me consta, estoy persuadida de que es la única manera de superarse: escuchando, atendiendo lo que el otro -en este caso un lector que suele hacer de la prosa poética un banquete para la imaginación- tiene para decir.

Te ruego que me digas, che. Una cosa es que te disguste cierto tipo de escritura, y otra que le veas flancos desacertados. ¡Decime, please!

Un abrazo grande.

pedro dijo...

Admirada Turkesa: siempre me gustó ver la fragilidad de tu sonrisa… esa que apenas contiene la tristeza de tus ojos.

¡Bueno! Lo primero es que no debes hacer mucho caso de mi percepción, ya sabes que de esto entiendo bien poco. ¡Por cierto! Si de alguien se puede decir esto: "...que suele hacer de la prosa poética un banquete para la imaginación", es de ti. No hace falta que te recuerde que lo mejor que yo haya podido escribir, solo mereció la pena hacerlo para tener la oportunidad de leer tu comentario. ¡Eso sí que fue un festín!

Respecto del comienzo de esta parte, me parece que juegas con el lector hasta confundirlo. Los juegos de palabras me pillaron desprevenido, y la prosa se me hizo demasiado informal; ensimismado como estaba, en la sensibilidad y belleza de las dos primeras entregas. Ten cuenta que nadie comentó algo parecido, y como anteriormente dije, tal vez sea mi torpeza la responsable de esta apreciación.

Pedro.

pedro dijo...

¡Mira, Turkesa! He pensado en cómo hacerte ver de una manera gráfica lo que sentí con este primer párrafo.

¡Verás! Si aceptamos que empiezas la historia con un carácter marcadamente poético, en esta cuarta entrega lo haces con matemáticas. Dicho con claridad, has mezclado la poesía con una ecuación.

La verdad es que desarrollas con ingenio los lazos familiares donde se comparten hermanastros, padres y madrastras. Y ese es el problema, si lo hay. ¡La ecuación en medio de la poesía.

¡En fin! Así lo vi yo, que no los amigos y amigas que antes pasaron por aquí.

¡Ojalá te sirva de ayuda!

pedro.

Turkesa dijo...

Hola, Pedro: sí, te entiendo; comprendo tu punto de vista sobre esta entrega y, aunque no estoy segura de compartirla, me agrada que lo hayas explicado tan detalladamente; después de todo, son las divergencias las que más ayudan a construir, ¿no?

Muchas Gracias por la aclaración.

Te mando un abrazo grande.