la siesta clausura su rito.
Un ceibo rezagado
despide sueños de coral.
con excusas baladíes.
Del timón la cadencia,
con dedos de lentejuela
desviste ocasos en el bote,
tierno poeta del agua,
duende de maderas,
que no de Oriente.
O que sí.
¡Qué más quisiera yo
que fueran de Oriente,
las maderas!
Mientras, de los remos
el golpeteo acompasado
conforma la única música
que de la isla,
indecisa Afrodita,
atiende el corazón.
Arcos de las remadas,
anagramas de los muelles,
pentagramas inéditos del agua.
Las chicharras anuncian
verano, se replican de sol
en plumajes aéreos,
en sapos y grillos
exasperados de enero,
de cielo violáceo,
de la primera estrella.
Y... del rito, el Río.
El Río, violentado
por prisas y regresos,
por el día en fuga
sombreado de plegarias.
De guitarras libertinas.
En el fuego habrá
ajíes asados,
olor a limón...
Hacia el final,
justo cuando la luna,
antojadiza de cuartos
menguante o creciente
se entrega a juegos
de escondidas,
espejada de cielo...
Palabras de Amor.
Y de raso, el Silencio.
Silencio rasado, arrasado.
Extraña plenitud de siseos,
de nudosidades vegetales,
de sentidos insomnes.
Silencio apenas hojeado
por duendes que del agua
leen cuentos de ondas
y de viejas zancudas.
Silencio, el de la arenita
que se deja acariciar
sin entregar sus secretos.
O el de las campánulas
de violetas anticuados,
casi plateados
abiertos al éter.
De la luna, obra y magia.
Esa clase de silencio
que acalla los alardes,
exacerba los sentidos,
y descubre,
nocturno y floral,
las caricias que a veces
uno ignora que es capaz
de brindar y recibir.
Y ese jazmín en mi boca...



19 comentarios:
preciosos paseo por el rio...disfrutando de su entorno... con sus sonidos, sus silencios... pero sobre todo acompañandote de esa maravillosa vida que hay en sus aguas,es su aire, en sus orillas...
...sigue disfrutando
un beso
¡Gracias, Javier!
Es realmente muy bonito este paseo... Me alegro haber reflejado su clima tan especial de forma acertada.
Un beso para tí también.
Turkkkkkkkkkkkkkkkkk...
que no encuentro tu emeilllll
pasate por:
http://nuestraspalabras.foroactivo.com/forum.htm
Por cierto...
me encanta la poesía...
y además, ya encontré tu mail
¡Jajaja!
Allá voy, Paul. Pero sólo porque me lo pides vos, che.
Un besotón.
PD: ¡Qué bueno que además te gustó la poesía! (ya la cambié chiquicientas veces)
No puedo pasar por alto la dedicatoria!!! muchas gracias Turkesa!!! los recuerdos juveniles son muy fuertes y dulces y esos riachos del Tigre tienen un magnetismo enorme: los sauces sobre el agua, las hortensias, los jazmincitos del país, el correr del agua...
Sencillamente hermoso.
Un beso enorme Marcela.
Marce, ¡hola!
Ahh... ¿Viste? El Tigre arranca poesía.
Sí, claro, los sauces, las hortensias, el correr del agua, el Abra Vieja, el Gambado, los botes, ¡y la tripulación de aquellos botes!
Creo que no teníamos noción de lo que nos regalaba la vida por entonces; es así a esa edad, supongo.
Hoy voy a mirar el río desde el Puerto de Frutos y me parece vernos, jaja, en aquellas travesías locas, tapados de plantas y ávidos de empanadas isleñas. Peleando con el timonel de turno y los remeros, condenados a desacompasar.
Un besote. Que me pongo sentimentaloide en sumo grado.
Pero que no se diga, mi querida Turkesa... ¡y a esa edad...! ¡La edad de las hadas danzarinas...! jajaja.
Noviembre es siempre todavía, parafraseando vaya a saber qué poeta antiguo...!
Todo muy bello, el ají, el asado, los silencios...!
Saludos de tu alejado amigo... Bah, ¿cuántas son...? ¿Dos, tres cuadras...? jajaja.
Che, que no se diga, pero extraño tus reproches... ¿seré maso? jajaja.
Besos enormes.
Hola, Mónica, ¿qué tiene noviembre? Es como poético, ¿verdad? Este poema es un paseo delicioso. Un paseo en un bote, donde en la travesía te encuentras con danza de flores, qué belleza de expresión, tienes una delicadeza especial, amiga. y casi te he acompañado en ella, la iba viendo según la contabas.
Además la foto te lleva directamente a imaginarlo. Los remos que hacen la música con el agua, transmite paz, un momento de esos de relajación. Y los pentagramas inéditos del agua, ah, qué espectáculo hermoso, además es cierto, ninguno son iguales, para mí que la protagonista está en un estado de gracia y tiene una sensibilidad exquisita, por fijarse en la magia y la poesía de todos los detalles de esa travesía. Y las maderas de Oriente, siempre de Oriente. La guitarras, el asadito, luego los juegos y las palabras de Amor, vaya, es todo un día de fiesta esto. Momentos especiales para atesorar.
Me gusta mucho el ritmo, la cadencia romántica, diría yo. La dulzura y paz que transmite. Un poema exquisito. Me ha encantado, amiga. Un gusto hacer este viaje que te carga de buena energía, cosas y momentos bellos.
Un besazo,
Marisol
Hola Luigi: ¡Ay, che! ¡Jaja! Yo no sé de qué edad me estás hablando, pero todavía en mi pensamiento Y en mis sentimientos hay hadas y duendes -¡faltaba más- (como dice Blanca) ¡¡¡HADAS Y DUENDES DAN-ZA-RI-NOS!!!
¡Mal por vos, si los desalojaste de tu vida!
¡Ah, no! Que no hablé de asado,chico. ¡No! Sólo de "ajíes" asados.
Sabés, Luis, ni quise nombrar el asado propiamente dicho, porque implica comerse un cadáver ¿no? Y la impronta angelical que quise darle al poema no iba con ello.
¿Que estamos a dos o tres cuadras? ¡No me digas! (¡jaja!) Cierto, che. Y mirá vos, se te ve ansioso por intercambiar poesía! ¡Jaja! ¿Qué tal una cerveza en El Cabildo o en la Librería del Avila?
Yo invito, vos ecribís. O viceversa. O nientes. Non Problem. Acá se te extraña.No pasa día sin que alguien te nombre.
Peeerooooo, como siempre digo yo, conforme un viejo adagio del BCRA, en el estado, cada vez que los nabos de turno te quieren perjudicar, te benefician, y viceversa.
Bueno Luis, ha sido un gustazo que -aunque no te camines esas dos o tres cuadras que nos separan-, te hayas dignado postearme.
Besotes.
Hola, Marisol:
"¿qué tiene noviembre? Es como poético, ¿verdad? Este poema es un paseo delicioso."
Ay, Marisol, si yo te contara.
Por principio de cuentas, Noviembre es el mes que antecede al Verano: en Noviembre florecen los jazmines, estallan las flores, y el aire se satura de aromas dulzones, mientras el río canturrea primoroso y coqueto. Es un mes precioso. Es un mes mágico. Yo lo llamo el mes de los Secretos. (Pero esa, es otra historia...)
Mira: éramos un grupete de diez más o menos, que sacábamos los botes del Canotieri Italiani (un club del Delta del Tigre) y salíamos a remar, hasta llegar a alguna isla donde parar, comer, nadar, y bromear.
Una anécdota: la primera vez mía -no con botes, porque como bien sabes, soy Rosarina, y Rosario (aparte de vanagloriarse de que sus mujeres son las más bonitas de Argentina, seguidas de lejos por las mendocinas, jaja, tiene el rio Paraná) además del Monumento a la Bandera (que puedes apreciar en www.rincondelbrote.blogspot.com)
posee una isla maravillosa. Entonces, como te decía, cuando llegué a Buenos Aires, la primera salida a remar, fue una maravilla, pues conozco al río bastante. No digo totalmente, porque cualquiera que sepa del río, sabe que es tramposo, y que nunca se lo conoce del todo, pues preserva sus secretos. Y la anécdota es que ... até el bote a un árbol, un sauce, oara mayor precision, y me fui lo más tranquila a juntarme con mis amigotes. Lamentablemente, el río bajó, en el transcurso del día, de tal modo, que cuando fui a buscar mi bote, estaba colgando del árbol como un souvenir de navidad, che, jeje,literalmente, el bote, estaba ¡perpendicular! ¡Colgaba pues! Nada, lo desaté, cayó en el agua pero de revés, como las tostadas con dulce ¿viste? que siempre caen del lado del dulce... Así que tuve que darlo vuelta, subirme y ¡remar! ¡Me encantó!
El caso es que salíamos los domingos en "despoblado y en banda" los hermanos Renau (Rodo, Alicia y Pocho) Miguel, y los otros que nombré en la dedicatoria, a remar hasta llegar a la isla del caso.
Durante la travesía -alfombrada de flores acuáticas- nos peléabamos por quien remaba, pero la peor parte se la llevaba quien timoneaba; el timonel era insultado sin piedad. Sin contar con mi amiga Alicia, que se ponía de punta con los barcos más grandes que levantaban oleaje, haciendo de nuestros botes cáscaras de nueces. Ella los increpaba, los intimaba (NO es abogada, es ... contadora, ¡snif!) y ¡les tiraba agua en la cara a los tipos! Tipos inflados en sus tremendos cruceros, con bonete de capitán y todo, con chicas de biquinis invisibles en la popa... Y ella los retaba a ¡no sé qué clase de duelo impar, che! Siempre fue medio kamikaze, ¡jaja!
Imagínate, éramos un grupete de adolescentes remando y peleando -o sea: tripulación amotinada- y por si fuera poco, declarábamos la guerra a tremendos botes cruceros que nos miraban desde ashá arribota, como si de unos desclasados se tratara, navegando a la deriva... ¡Jajaja!
Hasta que llegábamos a la isla de las Pastas. Sí: un matrimonio italiano se encargaba de servir fideos,ñoquis, ravioles; lo que se te ocurra en términos de pastas, con toda la variedad de salsas y unas empanadas exquisitas.
Claro que nada es perfecto: como no tenían hijos, habían adoptado una mona que nos robaba las mochilas. Fíjate que esta mona hija de p..., en cierta ocasión me quitó mi mochila, se la llevó arribota del árbol donde vivía, y desde allí, tranquilamente y haciéndonos burla, ¡descargó todo el contenido! ¡se pintó los labios con mi lápiz de Lancôme! Casi la mato, a la mona. Pero no.
Tuve que darle una cerveza para que largara la cartera.
¡A vos te parece!
Fue una buena, más que buena época, amiga.
Y estoy muy feliz de compartirla contigo en especial y con todos en general, en la medida que lean este hilo.
Gracias por pasar y dejar tan sabias interpretaciones.
Un abrazo grandote.
Querida Turkesa no me acordaba lo de la mona robando las mochilas, pero vino a mi mente el recuerdo de un frustrado asado en la isla, por culpa de la inundación, cuando llegamos estaba Miguel tomando sol y flotando en su bote, atado al arco de la cancha de futbol.
Yo también tuve una experiencia funesta con el bote, lo até también a un sauce, pero el río subió la soga no alcanzó y el bote se hundió... todavía no sé como hicimos para sacarle el agua y limpiarlo, te acordás cómo se enojaban en el club si lo devolvíamos embarrado?
Esta poesía tan romántica y dulce movió muchos hilos de nuestra juventud, que época tan buena y qué generosa la vida para con nosotros, teníamos todo al alcance de la mano.
Besos y abrazos. Marcela.
¡¡¡Marceeeee!!! ¡qué salvajes éramos entonces!
Pero no me acordaba de Miguel dormido, hasta que me lo citaste acá... ¡jajajajaa! ¡Te acordás, cuando nos daban vuelta el bote? Y una tenía que andar buscando el timón -a veces incluso el timonel, jaja- el asiento de rueditas, los remos, las plantas, el morfi, en el agua?
Y el Club, ¡qué aguante! Nunca llegábamos a horario, aunque sea por cinco minutos, los hacíamos renegar. ¿Y los hermanitos Renau quedándose con los botines de turno? Te olvidabas la toalla, las ojotas, ¡y fue! Nunca más volvían a tus manos, salvo si los veías tranquilamente con tu gorra, tus ojotas o tu toalla y se lo decías, atentamente, y los tipos, ¡que familia, che! ¡LO NEGABAN!
La verdad, fue una época maravillosa.
Besotes.
Ah, niña, disculpa la tardanza andaba algo perdida, me contaste y no me pasé hasta ahora, a responder, leer ya lo había hecho; pero ya sabes. Te doy las GRACIAS por haberme hecho participe de esos días adolescentes tan divinos. No sabía pero lo pasabais tan genial por ashá, si no me hubiera ido :).
Jajajaja, eso de eso es otra historia, como que me suena. Ya te la sacaré mediante coacción, claro…
“Yo lo llamo el mes de los Secretos. (Pero esa, es otra historia...)”
ah, obvio, y las más modestas también son las Rosarinas… Vaya que las Rosarinas no tienen abuela ni falta que les hace, jaja. Y lo bien que sabes atar los botes a los árboles, ni se diga, che. Qué te lo digan a ti.
No, imagino que debían pensar esos de los barcos caros y más grandes, que erais un grupo de jóvenes alocados, siempre se piensa eso de los jóvenes, y el caso es que llevaban razón, ahí retándolos, caray, eso es tener moral. Vaya, menús de pasta, una mona ladrona, que se pinta los labios, ¡con barra de Lancôme! ¡¡¡Y toma cerveza!!! Ay, te digo…no, mejor Marisol te quedas callada, estás más mona, jeje.
Fijate que tu amiga Marcela no se acordaba de la mona ladrona, porque seguro no andaba llevando barras de labio Lancôme a excursiones de en bote en el río. ¡Qué coqueta! Claro que a mí me pasaba igual en esos años, antes muerta que sencilla, jaja.
Uff, y lo del bote hundido que hubo que limpiar de barro, menos mal que a esa edad sobra la ilusión y la energía. Qué buenos tiempos habéis compartido, amiga; una época imborrable, imagino. Me ha encantado el poema, pero también leer este hilo en el que he conocido esas anécdotas deliciosas.
Gracias y un abrazote a ambas.
Marisol
Ay, has pensado en plasmarlo en un cuento… Piénsalo.
Hola, Marisol: ¡qué bonito y emotivo comentario!
Desde ya, evocar esos días despreocupados de verano ha sido un placer inesperado, un regalo que me ha hecho la poesía, y compartirlo es parte de toda bendición.
La mona esa, era una pícara igual que sus dueños, que la dejaban hacer cualquier travesura, sabedores de que uno volvía, por lo excéntrico del hecho y porque... ¡cocinaban como los dioses, jaja!
En cuanto a lo de los botes, es tal cual cuenta Marcela: el club no se andaba con remilgos a la hora de cobrar cuanto daño tuviera el bote al devolverlo. Y lo peor que les podías hacer era devolverlo con un remo roto o embarrado. Pero sucede que como el río bajaba y subía antojadizamente, y nosotros llegábamos muertos de hambre, bueno, atábamos el bote al primer árbol que encontrábamos y chau! Mi primera lección fue que hay que atarlo dejando bastante soga, por si el río sube o baja. Aunque por otra parte, si le dejabas mucha soga, corrías el riesgo que alguna lancha lo "besara", y de pura emoción, el bote se desparramara en la correntada. Pero todo se aprende, jeje. En carnaval el chiste era dar vuelta los botes de los demás, o remar al revés, para que los de atrás tuyo sufrieran una ducha obligada. Claro que estos "de atrás" no se quedaban quietos -generalmente eran el timonel y el que remaba acompañando y algún otro tirado por ahí-, entonces se paraba y comenzaba a balancearlo de un lado al otro hasta que irremediablemente, todo se iba al agua. Los que primero lo daban vuelta se subían y solían alejarse con grandes remadas, dejando a los otros haciendo la plancha hasta que se les ocurriera volver. Ná. Ya de regreso al club, nos comíamos el reto de los encargados, una ducha y el fuego para el asado en el quincho reconciliaba cualquier diferencia.
Creo que me fui de mambo,jeje, en fin... perdona. Yo misma me voy recordando de cosas.
Te agradezco un post tan cariñoso, un abrazo grande.
Turkesa, voy a agregar otro recuerdo sobre los carnavales en el "Tigre":
En los riachos chicos aprovechando la poca profundidad, los jóvenes de las casas vecinas, se sumergían bajo el agua cuando veían venír un bote, para emerger cual "Rambos" pero no con una ametralladora sino con las manos llenas de lodo del lecho del río y nos "bombardeaban", quedábamos de color marrón, qué divino!!!! Moríamos de risa, ahora lo pienso y qué asco!!!!
Margarita es verdad, yo no llevaba al río maquillaje, pero Turkesa iba a todos lados con una dotación completa, incluidas las cremas ja, ja, ja!
Un besote Marcela.
Bueno, Marcela, querida, esto sería una afrenta terrible si no fuera por .. ¡el paso inclaudicable del tiempo! ¡Ja,ja! Me acuerdo perfectamente bien del asunto ese de la embarrada. Ahora, eso de que shó llevaba maquillaje al río, che, dale, ¡nada que ver! Bueno, capaz un labial, algo así... ¡caramba!
En cambio, me acuerdo perfectamente de una amiga.... Explícote, por si te falla la memoria: llegábamos del río, entregábamos los botes ante las carotas ceñudas de los boteros, y nos íbamos muy campantes -las chicas- a ducharnos y cambiarnos. Los varones mientras, encendían el fuego en el quincho y ponían la carne al asador. Llegábamos nostras para hacer la ensalada, cuidar el asado, y ellos se iban a duchar. Perooooo, no éramos ángeles, ¡qué va! Descorchábamos el mejor de los vinos de los que había, ¿te acordás? Porque luego con los varones, ¡se lo tomaban todo! Y vos, mi querida niña, jajaa, sacabas como un mago de incógnito una colección de frascos con pastillas para tu hígado, que si de veras hubiera necesitado tanta bioquímica... En fin. El asunto es que hacías tremendo alarde lastimero- hepático, para luego despacharte sin drama con chinchulines, costillitas, etc, etc, etc, VINO INCLUIDO. Ese era el momento en que llegaban los chicos, y todo era una graaan fiesta bajo el cielo estrellado y el río sigiloso pasando delante nuestro. Bendita época. Te iba a seguir "bardeando", pero me ha puesto sentimental el recuerdo de esa época. De veras, "mañana es un adverbio de tiempo" como canta Serrat. La vida fue generosa con nosotros, che. Mucho, tanto como el río.
Te mando un abrazo grandote.
Gracias por estar acá.
Corrección: los remedios no eran para el hígado, sino para la gastritis y los tomaba para degustar el rico vino tinto, además de comer sin culpa los chinchulines, chorizos, etc. etc. Ja, Ja, Ja!!! tengo mucho que agradecerle a las píldoras.
Cariños. Marcela.
¡Ahhh! Ahora caigo: son males crónicos, entonces despliegan una politica interna de exclusión... Estee... ¿Y el dosaje de sangre en el alcohol cómo te viene?
jaja
Besos.
Publicar un comentario en la entrada