Fotografía: gentileza de "Margarita"*****************************
No sé porqué traigo este libro, si se me cierran los ojos.
Desligo mi mirada del pasado y devuelvo la arena a la ventisca. El libro se deshoja, ceniciento de sofismas. Prescindo de él y me instalo en un recodo ausente de ternura.
sin embargo, tú me esperas.
Un patio anticipa el encuentro. Hay una hamaca blanca en la que un niño dormita cuentos de bosques inaccesibles. Lo despierto, le pregunto por ti, me dice que te has ido conmigo, que debiera yo saberlo bien.
Abandono esa respuesta y me anudo en silencios. Por un instante, la cordura me implica en desconciertos crueles pero no me detengo, conozco las trampas de la inercia.
La oscuridad es espesa, avanzo a tientas y dejo atrás varias puertas. Llego a una recámara dominada por la amplitud. El cielorraso exhibe maderas de oriente y tapices de exquisitos tonos turquesa. Los admiro atónita y algo asustada, no alcanzo a comprender. De pronto me gana un dolor insoportable y pierdo equilibrio a pasos agigantados; mis manos sostienen dos copas de cristal que desfallecen, minadas por imperceptibles hendiduras.
Tú estás a mi lado, me abrazas, enlazas mi cintura tiernamente, sonríes divertido y aliviado. Yo no me percato, dudo sobre qué debo sentir.
En tanto, ya es el mediodía.
Los amplios ventanales me seducen y te olvido, te dejo, prefiero la luz. Ya no deseo encontrarte. Empero, vacilo, esperando una señal… Que no llegará nunca. Porque ya se ha instalado entre tú y yo, mucho antes.
Salgo de allí empujada por congojas antiguas y arribo a una playa de topografía accidentada. Eso me exaspera y grito, pero enseguida advierto que es una alucinación, un sueño ajeno del que no participo.
Libero los sentidos de toda confusión y empiezo a caminar.
El niño que dormitaba cuentos de bosques viene detrás. También, una niña que por momentos se confunde conmigo y que a ratos pierde inocencia y docilidad. Me tiende la mano. Intento mirar las mías, pero sólo veo las tuyas. Y entre tú y yo, una desnudez que nos aprisiona y enloquece, a fuerza de exclusiones.
Un poco más alejado, hay un hombre que vende lienzos blancos pintados de colores; los ha tendido en sogas apenas visibles y yo, no sé porqué, creo que no son sino plasma de ilusiones erradas, condenadas a la soledad de los arenales. El hombre me ignora. Prosigo mi marcha. El niño viene, aunque ahora me fastidia su compañía.
Es asombroso cómo se imponen los acontecimientos. Súbitamente, distingo un conjunto de catedrales. Y me digo que es raro, pues están enclavadas en esa playa accidentada, desordenada, en la que incluso el río desluce, ausente de armonía y sonido, como un caudal enmudecido y atrapado en el lecho equivocado.
Necesito salir.
Pero ¡ya he salido! Estoy afuera, paralizada ante esa catedral de fino mármol claro e infinitos escalones que, como si fueran encajes de seda, rematan un atrio espectacular.
Me invade una frustración enorme: son tantos, pero tantos escalones los que conducen a la nave central, que declino la absurda invitación. Decido continuar, pese a que su belleza me empuja dentro. Un haz de luz rosada se interpone, hiriéndome la vista. Elevo la mirada y puedo leer: "Nuestra Señora del Socorro." Y si bien me sostengo en la renuncia, no logro apartar los ojos del nombre grabado en la magnífica piedra de rodocrosita. Su delicada arquitectura resulta perturbadora. Percibo que el niño se encuentra bajo igual encantamiento.
Vuelvo sobre mis pasos e ingresamos.
Y por segunda vez en este extraordinario día, soy seducida, abducida por los cielorrasos: conforman una sucesión de bóvedas que, en su desojo, se resuelven en una pureza abrumadora, disipándose en ondulaciones de oro y marfil, ausentes de ángeles y otras figuras sacras.
Me acerco con pasmo y reverencia.
Cruzo delante del altar y distingo una urna de cristal. No me atrae observar su interior, pienso eludirla. Pero se anticipa, cerrándome el paso. Me estoy cansando. Entonces, reparo en su pequeñez. Parece que contiene una niña muerta, vestida de blanco. O tal vez, sea una muñeca. O, yo quisiera…
Salgo envuelta en presagios de finitud, precedida por el niño ensimismado. Me encuentro de nuevo en la playa. Camino con ligereza, debo alejarme hacia la Serenidad.
Al rato y ante el sosiego de la distancia ganada, mitigo el andar. Intento olvidar que debo olvidar, aunque algo me lo impide.
Giro sobre mi hombro y lo veo: un caballo de terciopelo azul y arneses rojos; un caballo de juguete que cuelga de su columna de bronce, solitario delante nuestro, a la espera inútil de ser montado. Supongo que abandonó su carrusel. Aunque lo cierto es que no tiene caso, pende en el aire, no reposa en el piso, como si la gravedad le resultara indiferente.
Es de mal gusto, pienso, ese caballo de juguete en medio de la nada… Evoco en ese instante a mi padre, casi puedo tocarlo. Me lo regaló un lejano, borroso y olvidado domingo de agosto. Pero no puedo llevar recuerdos, allá donde voy.
Es tarde, alguien va a partir y la prisa domina ahora mis sentidos.
Sólo queda tiempo para una iglesia. Entro junto con el niño y me dirijo hacia la nave lateral. El silencio es agobiante y apenas se respira. Hay un lecho, blanco y grande, en el que yace Don Bosco. ¡No me explico! Ah, es una escultura… El supuesto don Bosco se incorpora y se transmuta en un paseante más, a quien siguen unos niños.
Obviando el episodio, ingresamos a la nave principal. Una etérea música nos envuelve en dulce trama de clemencia, mientras la luz irisada se insinúa, perfumada de claveles y rosas.
El aroma produce un cambio sutil en el espacio. Empiezo a sospechar de esta realidad, en la que lo único tangible son los interrogantes.
Me inclino hacia mí, me miro y decido despertar. El niño se ha vuelto a dormir. El vendedor de lienzos y el caballo perdurarán en una soledad eterna.
No hay lugares para el encuentro, me digo, convencida de que me han cegado credulidades evocativas.
Entonces sonríes, tocas mi mano. Una ligera brisa nos enlaza.
Entiendo.
No hay espacio ni tiempo para un encuentro que nunca podrá ser consecuencia de sí mismo.
En un ventanal lejano, el viento hace trizas dos copas de cristal.


10 comentarios:
Mónica, poderosas imágenes hay en este texto. Es una de esas joyas que te salen directas del alma a la pluma y que una se queda enganchada de esa magia que te envuelve. Un texto con mucha fuerza, tanto visual, como de contenido de lenguaje poético y de símbolos; aunque se me escapan muchos. Es como un sueño, donde una escena deja paso a otra, cada una de más intensidad de sentimientos. Hay angustia, como la que se siente en una búsqueda sin fin.
Hay delicadeza, gusto refinado y exquisito, como la hamaca blanca donde el niño dormita cuentos de bosques… como si no hubieran sido paridos, aún; las maderas de oriente y los tapices; las copas de cristal, simbolizando la fragilidad; el templo y su luz rosada, etc.
Los escalones que conducen a la nave central de la catedral, que son muchos, como las dificultades en el camino para alcanzar lo sublime.
El niño y la niña, parece como si fueran sentimientos o distintos estadios por los que pasan los protagonistas. La que más me impactó, es la niña vestida de blanco y muerta, como símbolo de la pérdida de la inocencia y la pureza.
La imagen del caballo de terciopelo azul, suspendido en el aire, es brutal, impactante.
“Empiezo a sospechar de esta realidad, en la que lo único tangible son los interrogantes”.
Esto es doloroso, cuando sólo hay dudas, entra en juego el miedo y el miedo te sumerge en lo negativo, y no se haya la paz.
Y, el final, es sobrecogedor, con esas dos copas de cristal, que primero desfallecen y luego son destruidas por el viento, como si algo lejano, ajeno a los protagonistas hubiera acabado con ellos.
Uff, es impresionante este texto. Junto con Ángelus, uno de mis favoritos desde ya. Es de una belleza abrumadora; precioso, amiga. Me da un poquito de envidia, che, porque jamás me saldrá nada ni remotamente tan bello y poético, de tal intensidad.
La foto es muy bonito, claro :).
Un abrazo, grande,
Margarita
Hola, Marisol: te agradezco de forma especial este comentario, porque lo has dotado de una sabiduría esclarecedora; quiero decir que has arrojado luz allí dónde la escritura, si bien nació como fruto de un sueño, lo hizo bajo cierta penumbra del entendimiento, a puro pulso de latidos demandantes.
"Hay delicadeza, gusto refinado y exquisito, como la hamaca blanca donde el niño dormita cuentos de bosques… como si no hubieran sido paridos, aún"
Qué bellezón de palabras encadenadas!
Debe haberte gustado mucho y conmovido este texto para escribir así sobre él, porque ni el más sincero aprecio logra esto si la obra no lo inspira. Y a ti te ha inspirado estas consideraciones, bellas y sorprendentemente acertadas, al punto de que a su lumbre he desentrañado significados ocultos hasta este instante para mí.
Similar gratísima sorpresa me causan tus apreciaciones sobre el niño y la niña vistos como distintos estadios de la protagonista, así como los escalones de la iglesia, la imagen del caballo, la niña muerta...
En fin, que me has regalado no un comentario, sino una linterna mágica, bajo cuya luz mi prosa adquiere claridad y puede incluso, vanagloriarse de cierta lucidez dentro del lúdico ejercicio del inconsciente que implican los sueños, como el que me ha inspirado este soliloquio.
Te estoy muy agradecida por esto y por ser como eres.
Gracias por pasar y honrar esta página.
Un abrazo grande.
Tukesa,
Me impresiona tu manera de escrbir. Tal vez te lo haya dicho alguna vez, pero leyendo tus textos no sé si escribes poesía o escribes prosa que parece poesía y, claro, las dos cosas. Una placer leert. Y siento no haber visitado antes tu blog. Ahora que lo conozco espero me permitas poner tu enlace en mi blog.
Por cierto, tienes que explicarme cómo se hace para que junto al enlace aparezca el resumen el último texto colgado en un blog.
Volveré a visitarte.
Un abrazo,
Boris.
¡Hola, Boris! ¡Qué bueno verte por acá!
Muchas gracias, por los conceptos que viertes sobre este texto; sí, ya me lo has dicho, y es doblemente grato, porque viene de un escritor como tú, a quien admiro la capacidad de todo lo contrario, jaja, de dejar caer palabras apenas moviendo los labios, podría decirse si tuviera que ser gráfica, a contrario de mí, que supongo podría imáginárseme gesticulando hasta por los codos (no quiere decir que lo haga, vamos, jeje)
Este escrito que te ha gustado, es fruto de un sueño; ni remotamente hubiera podido yo imaginar las situaciones descriptas; me he limitado a escribirlo, pues lo encontré impresionante y de imágenes poderosas.
Gracias por pasar.
Un abrazo grande.
Pd: encantadísima que enlaces este blog al tuyo. (Te paso otro blog que tengo, por lo que leí en el tuyo, se me hace que te gustará: www.rincondelbrote.blogspot.com )
En cuanto a cómo hago para que aparezcan los blogs amigos con el resumen, mira: vas a tu blog, accedes al mismo, vas a "diseño", de ahí a "Elementos de la página", editas el elemento "mis blogs amigos" o cómo lo hayas titulado, y aparecerá: "Configurar lista de blogs." A continuación, haciendo clic en "Ordenar" verás varias opciones. Yo elegí "actualizado más recientemente", de esta manera, automáticamente sube primero el blog que tiene novedades más frescas.
Luego verás cinco elementos: "Icono", "Título del elemento más reciente", "Fragmento del elemento más reciente", "Miniatura del elemento más reciente", y "Fecha de la última actualización": yo hice clic en todos, entonces aparecen los enlaces tal como los has visto en este blog.
Aunque puedes optar por alguno de estos elementos, esta opción es muy útil, pues te mantiene actualizadas las páginas de los blogs amigos.
Bueno, cualquier cosa que se te complique, me preguntas por mail:
ondaturquesa@hotmail.com
Un abrazo.
Mónica, gracias por subir mi foto. Fue un placer tratar de plasmar la belleza de esta prosa en imagen, cosa realmente difícil, ya que es sumamente plástica, tratándose de un sueño. Muy rica en hermosa imágenes.
Yo disfruté mucho con su lectura y preparando la composición para la fotografía. Verás, tenía otra idea: montar todo el tenderete sobre unas rocas, con el mar de fondo, ejem, pero por aquí es verano, y sería imposible que no se interpusiese alguna familia, ya sabes, con la sombrilla, mesa, sillas, bolsos nevera y hasta la abuela saludando por ahí en medio, y, bueno, no lo veía muy glamoroso. Imposible hacerse con una playita solitaria para tal evento a estas alturas.
Ha sido una experiencia muy grata que me encantará repetir.
Un beso, amiga,
Marisol
¡Hola, Marisol! Ahh... ¡Jajajajaaa! No, claro que no hubiera pegado con este soliloquio, una familia en la playa con canasta de vianda, el perro, la abuela y sus accesorios!
Bueno, no hay nada nuevo bajo el sol: en mi plashita mágica a veces llegan cordobeses (de Córdoba, Argentina) que, en fin, son capaces de plantar la sombrilla entre el dedo gordo y el índice del ... ¡¡pie del bañista desprevenido!!
Pero, dejando de lado discusiones que ya mantenemos en mi otra debilidad esquizoide tipo Brote,
no tengo sino palabras de agradecimiento por haberte ocupado de la foto, y acoplarla a las necesidades de la historia que se cuenta. O sea: no se me escapa que has debido juntar arena, desparramarla ¿alegremente? encima de un mueble de tu casa, previa colocada de hojas de textos, y... lo más importante, que me ha dicho una amiga poeta exitosa en estos lares: no es lo mismo una copa volcada así, que asá; tu foto es ARTE. Buscado,encontrado y plasmado por la artista -tú- ajustándose a los requerimientos de mi texto, que previamente debiste leer y hacerte una idea representativa del mismo...
Luego de tanta divagación por esos derroteros de Dios, me queda por decirte que las fotos están geniales.(Y tus cuentos ¡TAMBIEN,CHE!)
¿Quieres seguir en la onda?
QUEDAS CONTRATADA, CHICA. Sólo espero que cuando seas famosa, no me vengas con honorarios astronómicos.
De veras, agradezco mucho este aporte; sé lo que te habrá costado en tiempo, sobre todo, para disponer los elementos de tal modo, que queden naturalmente bellos, estéticos, insinuantes... poéticos.
Gracias.
Te mando un abrazo.
LA FOTO ESTÁ HERMOSA. LA AGRADECIDA SOY YO.
Hola Mónica:
Ya te han comentado infinidad de veces lo particular de tu forma de escribir, y lo cerca que andas siempre de la poesía, pues es iniciar la lectura de alguno de tus relatos, y deleitarse uno con las imaginarias rimas del verso en tu prosa.
Creo que es una querencia innata en ti que, estoy seguro, no pretendes. Porque es una forma de entregarse a la escritura, paralela a la de entregarse a la vida, y eso es imposible de falsear: Ser o no ser... y tú, lo eres.
Y, ¿sabes? Tienes razón cuando dices que siempre es mejor junto al mar.
Un abrazo enorme.
PEDRO
Hola, Pedro: emotivo comentario me dejas, en clave de agua marina.
Te lo agradezco mucho; cuando uno percibe la gran empatía conque es recibido lo que ha escrito, es cuando siente que ha cosechado buena siembra.
Claro que las "imaginarias rimas del verso en la prosa" (¡gracias, Pedro!)no son una entidad cuya naturaleza te resulte extraña justo a ti, amigo mío, ¡vamos! que andamos a los codazos entre la arena y el caudal marítimo, entre gaviotas y risas de arena y sal, jaja.
Me ha encantado eso: sí, ya lo creo que es mejor frente al mar.
Gracias, Pedro.
Un abrazo para vos y tu alma gemela.
Querida Turkesa, como siempre tus palabras nos llevan a través de la historia como si fuesemos a veces protagonistas y otras veces observadores. En esta ocasión hemos sido observadores de una hermosa historia de amor y nos lastima su final puesto que el viento no debía hacer triza dos copas de cristal y siempre hay un espacio y tiempo para que aquellos que encontraron su alma gemela.
De cualquier manera leerlo es un golpe al corazón-
¡Hola, Ana!
dices: “como siempre tus palabras nos llevan a través de la historia como si fuésemos a veces protagonistas y otras veces observadores”
¿La historia te arrastró a su antojo, más o menos? ¡Me da gusto ese resultado! Creo, me animo a aventurar, que es el sueño de todo aspirante a escritor; o por lo menos, es el mío, sin duda. Así que me siento serenamente feliz, pues escribir, es lo único que hago como si su funcionalidad intrínseca no dependiera totalmente de mí, sino de una impronta que a veces, si bien la contengo, escapa por los caminos que se le antojan.
“En esta ocasión hemos sido observadores de una hermosa historia de amor y nos lastima su final puesto que el viento no debía hacer triza dos copas de cristal”
Sentado lo anterior, ¿te parece una historia de amor cuyo final lastima?
Yo no sé... Tal como dije más arriba, este relato obedece al recorrido de un sueño que tuve; ni en mil años se me hubieran ocurrido todas esas escenas. Y sí, fue un sueño muy poderoso, tanto por sus imágenes como por las sensaciones. Es lo que me movió a escribirlo.
Desde luego, hay una historia de amor que motoriza el contexto sin inmiscuirse mucho en el desarrollo de la acción.
Una ultra fina lectura de la penúltima línea: “No hay espacio ni tiempo para un encuentro que nunca podrá ser consecuencia de sí mismo”, bien podría ser indicio de continuidad. El encuentro, en tanto perdura, no podría ser consecuencia de sí mismo; no ha dejado de ser, continúa, está vigente. Esto anudaría perfectamente con el fragmento anterior: “Entonces sonríes, tocas mi mano. Una ligera brisa nos enlaza.” Parece que todo ha sido una pesadilla de la narradora, fruto de ¿la historia del libro que estaba leyendo -al principio- y no pudo continuar, pues se quedó dormida... y comenzó a soñar? Quizás. Al despertar recobra certezas de perdurabilidad, aunque, ya en la realidad, a lo lejos se hacen trizas dos copas, elementos que se suponían metidos dentro del sueño. Pareciera que pasaron la barrera de lo onírico para instalarse en la historia, oifciando de amenaza o inquietante signo de fatalidad.
"siempre hay un espacio y tiempo para que aquellos que encontraron su alma gemela."
¿Predicciones? ¿Clarividencia? ¿Revelación a través del sueño? ¿Debieran estos amantes preocuparse? (O mejor dicho, la soñadora, pues su compañero aparece siempre despreocupado; como instalando seguridad afectiva en tan resbaladiza caminata)
Tal vez, es el principio de un final, anticipado en el sueño. O el aviso de que para perdurar deben dejarse atrás ideas o atavismos, romper moldes -por más preciados que fueren-, que tal vez caducaron, ante el hecho concreto de lo nuevo.
O miedo, simple, liso y llano.
El ambiente, adrede, es esotérico y lleno de simbolismos, jugando hacia el final con la ambivalencia.
"De cualquier manera leerlo es un golpe al corazón":
¡Gracias!
PD: me resta confesarte, que las copas no estaban en el mentado sueño. Constituyen la única y solitaria contribución de la autora a una historia que le fue dictada mientras dormía.
Ana, me encantó la lectura que te sugirió el cuento y la calidad del comentario.
Te mando un abrazo enorme.
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