
Cajita de Joyas (NGC4755): Se denomina así a un conjunto de estrellas situado en la constelación de la Cruz del Sur. Se trata de unos pocos centenares de estrellas que se han formado a partir de una gran concentración de gas y polvo molecular presentes en el plano de nuestra galaxia. De esto se desprende que todas las estrellas que forman a este sistema estelar, y que los astrofísicos denominan cúmulo abierto o también cúmulo galáctico, tienen prácticamente la misma edad. Debido a las diferentes temperaturas que cada una de sus estrellas posee en su superficie, este cúmulo posee una gran variedad de colores y brillos lo que justifica su denominación de Cajita de Joyas.
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A ROCCO
Quería escribirte y depositar la carta adentro de la Cajita de Joyas.
Pero pasa que no te escribo, porque se ha negado a razonar mi corazón y a sentir mi entendimiento. Debo admitir que me rebela esta inversa huelga arbitraria de los sentidos y la razón.
Ni siquiera son obedientes los dedos en su recorrido por las teclas. Esas teclas donde florecían versos coloridos, menos o más felices según el destinatario y la causa, hoy son negros escalones hacia el subsuelo olvidado, donde guardo los trastos en desuso —pero que tampoco tiro, por las dudas de uso—, y me encuentro allí por involuntario impulso decidido de las teclas, las negras, sin letras.
No sé bien dónde empezar a buscarte. Comprendo que es una exploración inútil. Pero para esta clase de pesquisa, no se valen las iglesias ni los campo santos.
Tampoco las pirámides: sólo para faraones y algunos ilustres egipcios.
Pero tú, de Egipto, nada. Y yo, de Egipto, todo. Porque te encuentro allí donde descansan, olvidados, tus dioses cotidianos.
Ahora estás sentado, callado y sensitivo, somnoliento y abordable por cualquier caricia que te retaceo, de apurada, de la prisa que no es risa, y que es injusta —la prisa— en tanto me empuja a escena. Y por la cena, el quehacer, el hacer qué y la reunión, resulta que endoso la unión del presente en favor de beneficiarios abusivos. Así, voy ganando intereses que no me interesan, no deben, pero resulta que de no deber, me dejan débitos y hábitos malogrados, porque no estás, y cuando estabas, no te acaricié lo suficiente, no te cuidé lo necesario. Si yo te quería, ¿cómo no te aseguré contra el mundo?
Esta noche me aguardan tus deidades en la oscuridad, aunque descreo que la luz las disipe. Hay dioses que han practicado por siglos la resistencia; y sé, por acción y reacción, que mañana estarás jugando a los bolos con ellos en la montaña. Para cuando regreses —tal la leyenda— en vez de minutos habrán sido años los del medio. Ya conoces del tiempo, su fama de invento necesario para ordenar deberes y derechos; es sabido y notoriamente manifiesto que no se ha probado su presencia. Su falta, en cambio, es ostensible. Crúzate al planeta siguiente y lo verás claro. La muerte de los calendarios no es tal: nunca existieron, salvo a la luz de las sombras que nos entrega, compasivo, el aburrido impuesto confiscatorio de encasillarlo todo.
Si aún estás por acá —y lo estás, porque me duele— quédate y abjura del espacio, es simple utilería que explota el narcisismo de la materia (no debí decir “aún”).
Aún —¡ay, Aún!— eres mascarada incierta del tiempo, producto del sofisma colectivo, sostenido y milenario que nos entregara Constantino, junto con el yelmo y la cruz.
Si estás, demoleré también la estafa del Hades.
Prefiero los jardines de Babilonia, la locura de Pompeya, el hemiciclo de Plauto, la miel y la cerveza de Homero a tener que inclinarme en altares fraudulentos sólo porque se te ocurrió irte al mediodía, y porque yo ignoro qué clase de triángulo se honró con tu llegada.
Pero he abolido el tiempo y vuelto por defecto esencial. Devuelto el efecto inicial, nunca te has ido.
Igual extraño, entonces, tu ausencia, porque este tipo de presencia me duele. Y eres nueva excusa de teclas, ya sombrías y de lágrimas nubladas.
6 comentarios:
He vuelto a leer este hermoso relato, Turkesa. Como antes, quedé fascinada desde:
“Pero pasa que no te escribo, porque se ha negado a razonar mi corazón y a sentir mi entendimiento” Me quedé pensativa, leyendo y releyendo una y otra vez la línea.
Inversa huelga arbitraria de los sentidos y la razón...sí, es cierto...
“Si yo te quería ¿Cómo no te aseguré contra el mundo?” Porque es imposible asegurar contra el mundo, amiga, es imposible...a veces uno cree que puede, pero no, no es así.
Me quedo con el último párrafo, con el sentimiento expresado en esas líneas, un sentimiento que me conmovió (recordó esas lágrimas, también vertidas, sí, nubladas, las conozco, por cierto).
Todos los Roccos deben andar por allí, en algún lugar, jugando con zapatillas robadas y ladrándole a los gorriones.
Un cariño,
Esther
Hola,Esther!!! ¡Qué bien verte por estos lares!
¡Y qué comentario tan sentido y...te guste o no...poético:
"Todos los Roccos deben andar por allí, en algún lugar, jugando con zapatillas robadas y ladrándole a los gorriones."
"jugando con zapatillas robadas y ladrándoles a los gorriones" Eso, es poesía, mi querida amiga. (ya te veo colgando un poema en el foro, hummm... quien te ha visto y quien te ve, jaja)
Es cierto, uno se desespera por "asegurar contra el mundo" ¡qué locura nos hacen decir los sentimientos cuando nos exceden!
Un abrazo grande, estimadísima compatriota.
Hola, Turkesa:
He releído tu texto desde dos perspectivas nuevas. La primera, es la del aspecto completamente sentimental, y la segunda es desde la perspectiva con la que leo los textos de Sor Juana Inés de la Cruz.
Comenzaré por decirte, desde la perspectiva de esta última, que te confirmo mis palabras. Una y otra vez. Es sencillamente genial.
No sé si alguna vez hayas leído el “Primero Sueño”, uno de los trabajos más difíciles y enigmáticos (y personales) de la bibliografía de Sor Juana Inés de la Cruz. Tu trabajo me recuerda mucho a ese poema, en lo personal, el trabajo más sublime que haya salido de la obra de mexicano alguno (jeje... ¡perdoná!).
"Esta noche me aguardan tus deidades en la oscuridad, aunque descreo que la luz las disipe"
Esta oración me confirma el espíritu barroco, espiritual, exaltado y apasionado de tus letras. Resulta que Sor Juana hace constantes interpolaciones entre las deidades y la oscuridad a lo largo de su obra, como manifestación del claroscuro de sus sentimientos en momento que resultan especialmente sombríos o dolorosos.
Qué decir de las numerosas alusiones a las mitologías tradicionales y a las primeras civilizaciones, a las que Sor Juana también acudía constantemente.
"Pero para esta clase de pesquisa, no se valen las iglesias ni los campo santos"
"Tampoco las pirámides: sólo para faraones y algunos ilustres egipcios"
"Pero tú, de Egipto, nada. Y yo de Egipto, todo. Porque te encuentro allí donde descansan –olvidados- tus dioses cotidianos"
"producto del sofisma colectivo sostenido y milenario que nos entregara Constantino, junto con el yelmo y la cruz"
"Sí estás, demoleré también la estafa del Hades"
"Prefiero los jardines de Babilonia, la locura de Pompeya, los gimnasios elíseos, el hemiciclo de Plauto, la plaza pública de Demóstenes, la miel y la cerveza de Homero, a tener que inclinarme en altares fraudulentos, sólo porque se te ocurrió irte al mediodía, y porque yo ignoro qué triángulo se honró con tu llegada"
En este caso, nos has agregado una alusión mucho más moderna y radical, al catolicismo, y a los modo colectivos de creer y llevar el duelo, periodos en los que la fe da sustento al espíritu, ante la desoladora idea de que nada material puede compensar el vacío que deja un hueco llenado por almas, naturalezas intangibles por antonomasia.
Anoto, aparte, la cantidad de espejos y de juegos barrocos, de antítesis y usos sutiles del idioma:
pasa que no te escribo, porque se ha negado a razonar mi corazón y a sentir mi entendimiento
(… si sólo pretendo poner belleza en mi entendimiento, y no mi entendimiento en la belleza).
donde guardo los trastos en desuso -pero que tampoco tiro, por las dudas de uso-,
de apurada, de la prisa que no es risa, y que es injusta –la prisa- en tanto me empuja a escena
(¡brillante, me encanta, me la repito a mí mismo a veces sin saber por qué, y tú lo sabes!)
“Asi, voy ganando intereses que no me interesan, no deben, pero resulta que de no deber, me dejan débitos y hábitos malogrados”
“Ya conoces del tiempo, su fama de invento necesario para ordenar deberes y derechos; es sabido y notoriamente manifiesto que no se ha probado su presencia. Su falta, en cambio, es ostensible”
¿Sabes? Esta es una de las líneas más brillantes del escrito, y quizá la más inteligente. El duelo se acompaña inevitablemente del cuestionamiento de la naturaleza del tiempo, ese que no existe en realidad, sino para nosotros exclusivamente. Porque ¿qué es el tiempo? No se puede saber. Ni se puede medir. Es una sustancia volátil, intangible, cuando nos apresa la alegría… y un espeso velo que nubla los ojos, cuando nos subyuga la tristeza. Ah… Turkesa. A mí nunca se me ocurriría este modo de decir las cosas.
“Pero he abolido el tiempo y vuelto por defecto esencial. Devuelto el efecto inicial, nunca te has ido”
Esta línea me causa… uff. Mmm… una como nudosidad en el pecho. Cierto, totalmente. Nunca te has ido. Atrás el tiempo, y los minutos, los segundos en los que la vida se apaga. Una fracción tan mínima, tan definitiva… ¿cómo no puede volverse atrás algo tan sutil, cuando mayores empresas se logran sin mayor esfuerzo? El tiempo y la muerte son los dos significados esenciales de nuestra existencia y de nuestros cuestionamientos sobre tal.
Igual extraño –entonces- tu ausencia, porque esta clase de presencia me duele
Otro juego barroco. La antítesis suprema y final: aquella que niega la ausencia que es más dolorosa porque, precisamente, se encuentra en presencia (la ausencia, presente… qué dolorosa es, si ya duele la ausencia tan sólo imaginada).
Desde este análisis, encuentro que tu texto va más allá de la belleza sentimental y se adentra en un espeso (y a veces inconsciente) análisis sobre la muerte y nuestro modo de enfrentarnos a ella. Así, podría decirte muy emocionado, que tu texto, más que sentimiento es razonamiento, de no ser porque…
Domina. Y no domina porque tiránico, sino porque es precisamente, un equilibrio exacto. El punto en el que el alma no distingue entre ideas cerebrales y pulsos del corazón. Y entonces, regresamos al principio: un entendimiento que siente, un sentimiento que razona.
Domina y lleva al lector a una sintonía con sentimientos universales. Domina porque, siempre que lo leo, me entra un sentimiento muy fuerte. Este es el texto que más matices sentimentales me provoca de entre los que he leído desde que ingresé en estos foros. No van directamente relacionados con mis experiencias personales (aunque las hay, claro) sino con una conciencia superior a la que repentinamente me siento conectado. Y me transporta, a ese espacio curioso, sublime, difícil de alcanzar… en el que uno tiene ganas de escribir después de haberte leído. Inspira. Tú inspiras.
Desde una u otra, ahora descubro que con tu texto has logrado que la perspectiva lógica y filosófica sea una misma con la emocional. Ideas brillantes nacidas en el estado más sensitivo del espíritu. Como te lo he dicho… eso sólo lo logran los que han nacido, sin quererlo o aún queriéndolo, siendo poetas.
Un abrazo.
Nos leemos.
JASC
Hola, Jasc: has formulado un despliegue de reflexiones de tal relevancia que abarcan la prosa, excediéndola; adentrándose en ese punto inabordable donde la vida y la muerte convergen, desde una perspectiva admirable por los distintos, ricos y profundos matices que componen tu imperdible comentario. Que no tiene ya nada que ver con el escrito, aún contra tu voluntad. Quiero decir que has creado algo que yo en realidad, además de agradecerte -y no digo que quedé boquiabierta, aunque es la pura verdad- me veo impulsada a comentarte.
¡Hay que ver cuán certeras -y prodigiosas- resultan las indagaciones que formulas acerca del lado oscuro de los sentimientos, cuando estos entran en conflicto con la vida misma. Y llegas con toda naturalidad a ese ángulo inabordable y definitivo para tratar sus costados sensibles con sorprendente claridad de conceptos. Tal como si fueras por un momento un Merlín benévolo del espíritu.
He leído a Sor Juana, claro; muchas gracias por esa referencia que estimas análoga o convergente.
Con relación a esta idea:
"Pero he abolido el tiempo y vuelto por defecto esencial. Devuelto el efecto inicial, nunca te has ido”
Dices:
Esta línea me causa… uff. Mmm… una como nudosidad en el pecho. Cierto, totalmente. Nunca te has ido. Atrás el tiempo, y los minutos, los segundos en los que la vida se apaga. Una fracción tan mínima, tan definitiva… ¿cómo no puede volverse atrás algo tan sutil, cuando mayores empresas se logran sin mayor esfuerzo? El tiempo y la muerte son los dos significados esenciales de nuestra existencia y de nuestros cuestionamientos sobre tal."
"Esa fracción tan mínima, tan definitiva". Excelente... y sobrecogedor.
"Nudosidad en el pecho".
Esta frase me emocionó, y no sabría explicar porqué. Es más: hubiera querido que se me ocurriera a mí...
"cómo no puede volverse atrás algo tan sutil, cuando mayores empresas se logran sin gran esfuerzo..."
Claro que excede y va más -pero mucho más allá- del texto este prodigioso comentario que ya ingresa en el terreno de un planteo esencial y filosofal sobre la vida, la muerte y los paradigmas como el tiempo, el espacio y la materia.
Así es."... y porque yo ignoro que triángulo se honró con tu llegada". Algún triángulo de tiempo, espacio y materia -o anti- ellos- que corre paralelo en otra dimensión que no vemos, es posible que siga al final del viaje. O no. Y aunque en general se tiende a negar la posibilidad de su existencia, ese camino fácilista (y sospechoso por eso mismo) no interfiere ni pauta los movimientos internos frente a lo desconocido que convocas con este comentario. Más bien, los desmenuzas.
Ciertamente, se torna universal por el tema en juego. La verdadera protagonista es la Muerte y sus consecuencias en los que quedan con más las dudas sobre el después -o el más allá- y su entidad. Te has explayado sobre las complejidades de estos tópicos formulando conjeturas que no tienen desperdicio. Las tuyas. Y no sigo.
Me quedo con este admirable, sabio párrafo:
"... si sólo pretendo poner belleza en mi entendimiento, y no mi entendimiento en la belleza"
Formidable resolución.
Un abrazo.
Después de leer los comentarios tan acertados que te han hecho es dificil hacer uno más o menos decente.
Ante todo decirte que tu prosa poética es penetrante (quizás la definición no es la adecuada, pero es lo que siento), el contenido bipresencial, te hace pensar en dos cosas a la vez.
Leo el texto y pienso en el amor perdido y a la vez deseado y añorado. Pero tanto de un animal de compañia (perro, gato etc) y el de una pareja.
El recuerdo añora. Pero sin quererlo lucha, y lo hace por conservar los buenos momentos, y a la vez por no sentirse culpable por lo no hecho.
Frases preciosas (que no voy a volver a repetir pues tan acertadamente se ha hecho en los comentarios) que inundan el corazón y te hacen pensar en lo que uno mismo ha perdido.
Como siempre un placer leerte.
Un saludote
Jesús
Hola,Jesús: sí, es como dices, así sucede en los momentos de pérdidas irreparables, todo se mezcla en un batido insoportable.
Es especialmente interesante esto que dices:
"Leo el texto y pienso en el amor perdido y a la vez deseado y añorado. Pero tanto de un animal de compañía (perro, gato etc) y el de una pareja."
.....
"... y te hacen pensar en lo que uno mismo ha perdido."
Me da gusto, claro, y me deja ese resabio de la tarea bien hecha, de que algo ha conmovido más allá de la limitación que inspiró el texto, en este caso, la muerte de un perrito. Pues, fíjate, una de las mayores satisfacciones que me ha dado "A Rocco", es que lo que dices, con distintas palabras me lo han hecho saber por los foros. Recuerdo una línea, no sé ahora si tal cual, de alguien que me dijo que tratándose de las reacciones ante la pérdida, adquiría un carácter universal. Supongo que el hecho de haberlo escrito a las tres horas de fallecido el perrín me jugó a favor, en cuanto tenía el sentimiento totalmente desvalido. Y esa suerte de desamparo tan especial, es aplicable, como bien indicas, a cualquier clase de pérdida o de muerte.
(Por eso, justamente, aclaro al principio que fue inspirado en mi perrito).
Bueno, Jesús, tus comentarios me están malcriando; no dudes en señalarme ruidos y ruidotes, llegado en caso.
Un gusto tu paso por este texto, al que quiero especialmente.
Te mando un abrazo.
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